Iñaki Dubreuil (S. de Organización de la Agrupación socialista de Ordizia)
La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos ha abierto una nueva grieta en el orden internacional, pero también ha dejado al descubierto otra fractura más doméstica: la del Partido Popular ante una crisis que exige claridad y principios, no tacticismo. Mientras Europa condena la intervención militar y defiende el Derecho Internacional sin matices, el PP —según coinciden numerosos analistas— ha preferido refugiarse en la ambigüedad calculada y en el oportunismo más previsible.
La dirección de Feijóo habla de prudencia, pero esa prudencia se evapora en cuanto uno mira al resto del partido. Ayuso y otros dirigentes celebran la operación de Trump como si fuera una victoria propia, ignorando deliberadamente que juristas y organismos internacionales la califican como una violación flagrante de la Carta de la ONU. El PP, lejos de fijar una posición clara sobre un hecho tan grave como la captura extraterritorial de un presidente en ejercicio, opta por lo cómodo: callar ante la ilegalidad y gritar contra el Gobierno español.
Porque esa es la estrategia, según múltiples observadores: convertir la crisis venezolana en un nuevo ariete contra el Ejecutivo, aunque para ello haya que retorcer la realidad. El PP acusa al PSOE de “ponerse del lado de Maduro” mientras evita condenar una operación militar que vulnera todos los principios que Europa defiende. Es una pirueta política tan evidente que varios medios la describen como un ejercicio de cinismo: criticar al Gobierno por defender el Derecho Internacional mientras se mira hacia otro lado ante los excesos de Trump.
Y por si fuera poco, el PP ha aprovechado la situación para reactivar viejos fantasmas: comisiones en el Senado, insinuaciones sobre supuestos vínculos del Gobierno con el chavismo, y un discurso que —según analistas— busca más alimentar la bronca interna que construir una política exterior coherente. El resultado es una imagen de partido dividido, atrapado entre la moderación que Feijóo intenta proyectar y la euforia trumpista que algunos dirigentes exhiben sin pudor.
En un momento en que Europa habla con una sola voz, el PP aparece —en palabras de varios observadores— como un actor desorientado, más preocupado por desgastar al Gobierno que por defender los principios que sostienen la convivencia internacional. La crisis venezolana no exige valentía retórica, sino claridad moral. Y ahí es donde, según tantos analistas, el PP ha decidido no estar.
Porque cuando el Derecho Internacional se vulnera de forma tan evidente, no caben silencios estratégicos ni equilibrios internos. O se está con la legalidad, o se está con quienes la rompen. Y en esta crisis, la ambigüedad del PP no es solo incoherente: es una renuncia. Iñaki Dubreuil (S. de Organización de la Agrupación socialista de Ordizia)